domingo 28 de octubre del 2018


El día amaneció soleado y muy frío: el cielo estaba azul brillante y contrastaba con las cumbres nevadas de la Pedriza: las primeras nieves de la temporada.
A las 12:30 horas, comenzamos el trabajo:
  1. Eva diseño un cartel para que nadie pise el primer bancal.


  1. Preparamos los siguientes bancales para seguir plantando guisantes y ajos.
Con una nueva herramienta, la horca, que se parece a la laya, pero tiene los dientes más finos y que podéis ver en las fotos, removimos la tierra del 2º bancal, para airearla y poder quitar las miles y miles de raíces que iban apareciendo. 
 


Todo lo que quitábamos lo colocamos en una caja negra de plástico, y de aquí a la carretilla y al montón del compost, que en un momento dado, empezó a tener una altura más alta de la recomendable: 1 metro. Juampi, entonces, nos indicó que comenzáramos a colocarla en el borde de la parcela, hasta que el montón, en su propio proceso de vida, vaya bajando de altura.

El COMPOST es como un organismo vivo y necesita:

1. Aire: respira como nosotros, cogiendo oxígeno del aire, pero sin pulmones. Para que no se ahoge le hacemos un hueco en el medio con una estaca larga.
2. Comida: las hojas, raíces, tronquitos,… que quitamos de otras partes del jardín, más los restos que le vayamos trayendo de casa: peladuras de frutas y verduras, cáscaras de huevos, bolsitas de té, restos de café; hay que tener cuidado de no echar restos de pescado, carne, marisco ni pan, porque atraen a animales como ratas, ratones… y, de momento no queremos un zoo, sólo un huerto!!!
3. Agua. En invierno basta con el agua de lluvia. En verano hará falta regarlo.


Hay un truco para ver si ha empezado la digestión de la basura en el montón y es sentir con la mano el calor que resulta de la actividad de los bichejos que están actuando: da un poco asco, pero es muy curioso. Catalina, Eva, Mireia, Mencía, Nico, Jacobo y Marta metimos la mano para creérnoslo…


Después de limpita la tierra de las raíces y alisada la tierra con la horca, cogimos tierra buena y negra del compost del año pasado y con la caja de fruta negra (que es muy útil en las huertas), la repartimos por todo el nuevo bancal, tal como aparece en las fotos:


Y, una vez bien repartida por todo el bancal, sin pisarlo, hicimos las marcas para colocar alineadas las semillas de guisante. Ahora hay que dejar un espacio más grande que con las habas entre las líneas paralelas que trazamos,así que estuvimos un buen rato calculando y midiendo, sobre todo Jacobo y Juampi. Una vez, trazadas, Catalina, Nicolás, Jacobo, Mencía y Marta metimos en la tierra dos semillas de guisantes en cada uno de los huecos que íbamos haciendo. Al final, quedaron así:




Y, para finalizar, las tapamos echando tierra con la mano y nos fuimos a por otro bancal, dejando en la cabecera, de adorno, una planta preciosa con flores naranjas que se llama CAPUCHINA Y colocando una cuerda alrededor que encontró Miriam en casa, para señalizar y no pisar, alrededor de unos palos que Nicolás, con la ayuda de Mencía y de un hacha estuvo preparando.



Este 3º bancal se nos hizo más pesado: era hora de comer, teníamos frío y la tierra estaba más difícil: con más hierbas creciendo encima. Aún así, lo trabajamos un poco y le echamos ceniza de la leña que en casa de JIE recogen, para que cuando plantáramos los ajos, estén contentos.


A las 15:30 horas, nos recogimos para comer y las trillizas se colocaron como si fueran plantas en el sillón para demostrar que nos lo habíamos pasado genial.





martes 6 de noviembre del 2018


Llegamos Juampi y Marta sobre las 17:15 horas, hacía muy mala tarde y estaba casi anocheciendo.
No nos dio tiempo a hacer casi nada: aumentar el montón del compost con más residuos que habíamos traído cada uno de casa, comprobar que las habas están creciendo, parece milagroso y echar por encima de donde plantaremos los ajos más ceniza.
Empezamos a preparar el siguiente bancal, el 4º, que tiene delante el olivo, pero entre quitar los tiestos acumulados, palos, y piedras, anocheció y nos fuimos.


DIARIO DEL HUERTO DE LA CASA DE LOS ABUELOS EN SOTO
2018

trabajos previos
Unos días antes, Juampi había sacado una tierra muy negra y rica en bichos, del compost, dejándola cubierta con un plástico azul, para poder utilizarla fácilmente, cuando pudiéramos plantar.
Marta había puesto en remojo, durante 12 horas, 150 gramos de habas de Aragón, compradas secas el día anterior.


miércoles 17 de octubre del 2018
La tarde era soleada y comenzamos a trabajar, después de merendar y recoger granadas muy verdes por fuera y abiertas y rojas por dentro en casa de JMJMM, sobre las 17:00 horas.
Medimos una distancia de 1,20 metros de ancho, para delimitar la primera parte de la tarea, el trabajo en el bancal 1. Lo primero fue preparar la tierra: quitar piedras y recoger ramas y apartarlas en el montón del compost.

Una vez concentrados en esa zona, Juampi diseño un rectángulo gigante, que iba a ser nuestro primer bancal, haciendo un surco en la tierra para delimitarlo con una herramienta que se llama azada. Ese surco es lo que aparece en blanco entre los bancales en la imagen y se llama pasillo.
Estuvimos aireando la tierra, con una herramienta parecida a un tenedor gigante, que se llama laya: pinchas con ella en la tierra, la pisas para hacer fuerza y la volteas, con lo que la tierra se mueve, pero no cambia de sitio. Al removerla de esta forma, es más fácil quitar todas las raíces de distintas plantas que quedaban y algunas piedras todavía grandes.
Jacobo ayudaba y parece tener mucho control, comentándonos cómo tienen los huertos su madre y su tía y su abuela en Vega. Las tres niñas estuvieron construyendo una cabaña dentro de casa, con doble puerta delantera y trasera, en el pasillo y rellenándola de cómodas mantas y almohadones para descansar.
Cuando la tierra estaba suficientemente aireada, la colocamos un poco con las manos, según nos mostraba Juampi, para dejarla lisita, pero sin apretarla.
Entonces, echamos sobre este rectángulo la tierra que Juampi había preparado procedente del compost, que estaba llenita de gusanos y otros bichos, cosa muy buena para los huertos.
Con una tabla que nos encontramos por allí, presionando sobre el bancal, hicimos cuatro líneas rectas, juntas dos a do sa lo largo del bancal. En estas líneas o pequeños surquitos, es donde fuimos metiendo las semillas de las habas, que es lo que se planta ahora y, como crecen en invierno, no necesitan riego.

Medíamos una distancia de unos 20 cm y metíamos dos semillas, no muy profundas, en uno de los surquitos y con una distancia similar, pero contrapeada, metíamos otras dos semillas en el otro surquito. (Tardamos un poquito porque a Jacobo le daba asco tanto gusano y hasta que no cogió mis guantes no quería meter los dedos en la tierra para introducir las semillas.)
Se meten de dos en dos por si no prende una semilla, que prenda la otra!!!!!
Una vez, plantadas las semillas a lo largo de los cuatro surquitos, como nos sobraban, metimos 10-15, todas juntitas, a modo de vivero, en un trozo del bancal.
Y, finalmente, las tapamos con tierra y como necesitan potasio, Juampi echó ceniza de leña, que había traído de casa.
En ese momento, las chicas salieron de sus cabañas, les encantó el rectángulo que habíamos hecho y vinieron a ayudarnos.
Para terminar, cortamos unos palitos, para delimitar el terreno trabajado y le pusimos una cuerda para señalizarlo: a partir de ese momento, no se puede pisar el bancal y hay que mirarla mucho para ver cuándo empieza a crecer lo plantado.
Recogimos todo y nos fuimos a descansar, sobre las 20:00 horas.


Al día siguiente Juampi fue a ver si nos habíamos dejado alguna luz encendida y arropó a las habas con una capa de hojas de avellano secas. Para que no pasen frío en el invierno. (A esto se le llama acolchar)